Mi
proceso de aprender a leer.
Si me hubieran preguntado hace unos algunos
días atrás, ¿Cómo fue tu proceso de aprender a leer? La respuesta hubiera sido, simple y
llanamente: -aprendí a leer cuando entre a la escuela primaria- sin embargo,
hoy gracias a las lecturas de Paulo Freire sé que leer no es simplemente el
acto de leer las grafías plasmadas en un papel, sino que, leer implica la
interiorización del mundo a través de los sentidos, es decir; aprendemos a leer
desde el primer instante en el que respiramos y dejamos de leer en el último
suspiro de vida.
Retomando la pregunta inicial, ¿Cómo fue mi
proceso de aprender a leer? Para ser honesto tengo recuerdos muy vagos de mi
infancia, recuerdo que, en la escuela primaria siempre competía por estar en
los primeros lugares del cuadro de honor. Recuerdo a ésa vieja escuela, rodeada
de árboles de mango (talvez parecidos a los que narra Freire en su texto “la
importancia del acto de leer”) con sus frutos que cortábamos y degustábamos en
el recreo, también recuerdo a aquél amigo robusto de nombre Joaquín (que se
merece ser mencionado por haberme ayudado en muchas situaciones complicadas) quien
me protegía de los niños más grandes a cambio de que la ayudara con su tarea y
una que otra torta.
También recuerdo la casa de mi tía, ahí,
en donde tenía que esperar a mi madre después de la escuela, éste era para mí,
un lugar muy apreciado y que aun llevo en un rincón de mi ser, pues fue ahí, que
considero que aprendí a conocer y a leer al mundo, mediante a la convivencia de
mis primos y amigos; en aquellos juegos surgió en mi la curiosidad por
investigar, por comprender, el porqué de las cosas, fue también ahí, en donde
se introducían a mi mundo las grafías que le daban un significado maravilloso
al acto de leer la palabra escrita y relacionarla en el contexto en el que mi
lectura del mundo se realizaba.
Fue también ahí que conocí al amor de
adolescente, esa niña de cabellos rubios como el sol, de ojos color miel que
con una mirada me intimidaba, y que talvez por ella, mi mundo y mi razón de
existir, era ser siempre el mejor y más estudioso alumno. Quise dedicarle unas
líneas a esa persona, ya que por estar a su lado leía cualquier cosa hasta
“Juventud en Éxtasis” de Carlos Cuauhtémoc Sánchez.
Y
fue así como, talvez de una u otra manera, que comenzó mi curiosidad de
comprender, de leer y de interiorizar al mundo, de echar a volar mi
imaginación, de soñar que era un D’Artagnan, un Athos, un Portos, un Aramis o
más bien que era uno de los tres mosqueteros que tenía el deber de proteger a
Milady; todo esto gracias a los libros que develaban ante mi sus más grandes
secretos.
Pienso, como bien dice Freire, al
escribir; “re-creo y re-vivo” todo ese cumulo de experiencias que han hecho de
mi lo que hoy en día soy, esas experiencias que talvez estaban en un lugar muy
oculto de mi ser y que hoy al escribir, volvieron a mi esos recuerdos de mi
infancia y que talvez sino hubiera sido por esta dinámica no los habría plasmado
en papel.
Para terminar, mí proceso de aprender a
leer al mundo, a través de los sentidos, del contexto y porque no mencionarlo, de
los libros, ha sido muy gratificante ya que me ha dado la oportunidad de estar
involucrado en un contexto en cual analizamos los procesos Lecto-escritores
desde una perspectiva diferente a la visión cotidiana. Y que en un futuro me
dará las bases para seguir sobresaliendo en este mundo globalizado y en esta
sociedad dinámica que nos exige día a día los mejor de nosotros.

